diumenge, 18 de març de 2007

Las distracciones escénicas durante las arias


Foto: Primer acto de Aida. Producción de 2001, Gran Teatre del Liceu. Regía de Antonio Gutiérrez. Decorados históricos de Mestres Cabanes a base de papel pintado.
Hoy me gustaría tocar un tema que habitualmente es poco discutido pero que incide de manera clara en la manera de percibir la ópera, en especial la más belcantista, por parte del público aficionado, al mismo tiempo que el cantante puede verse perjudicado por una dificultad de concentración sobreañadida.

Me refiero a una nueva costumbre entre algunas de las direcciones de escena actuales, especialmente por parte de algunos directores menos dados a la sensibilidad de lo musical. Se habrán fijado que esos directores aprovechan el “tiempo muerto” de las arias para dar rienda suelta a su imaginación ya sea haciendo mover más de la cuenta al coro (siempre, claro está, que la escena tenga coro), moviendo el decorado, algunas veces con ruido añadido, distrayendo al personal con pases de diapositivas u otras mil inventivas.

Años atrás, la mayoría de directores artísticos cuidaban que durante las arias no hubiera distracciones y que los movimientos escénicos fuesen los mínimos y sin ruido, y más de una vez debían corregir los excesos de los registas. Parece ser que ahora la cosa no va por ahí y los directores de escena tienen carta blanca para hacer lo que crean más conveniente.

¿Debe el regista de turno ilustrar a su aire la escena durante el transcurso de un aria, que suele ser un momento difícil y arriesgado para el cantante, si dicha ilustración distrae la atención del mismo artista y/o del público asistente? O ¿Debe dar prioridad al canto procurando que la puesta en escena distraiga lo menos posible, sin traicionar, por supuesto, a su idea creativa general de la obra?

Es una pregunta que dejo al aire y que cada uno se responda lo que mejor crea conveniente.

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