diumenge, 11 de març de 2007

"Boulevard Solitude" de H.W. Henze en el Liceu


Foto de Antoni Bofill. Primera escena de Boulevard Solitude.

Ópera de Hans Werner Henze que ha sido interpretada bajo el siguiente reparto:

Manon Lescaut: Laura Aikin
Armand Des Grieux, un estudiante: Pär Lindskog
Lescaut, hermano de Manon: Tom Fox
Francis, amigo de Armand: Marc Canturri
Liliaque le père, un rico caballero: Hubert Delamboye
Liliaque le fils: Pauls Putnins
Criado de Liliaque le fils: Basil Patton


Cor Vivaldi: Petits Cantors de Catalunya
Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana
Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu

Dirección de escena: Nikolaus Lehnhoff
Dirección musical: Zoltán Peskó

Queridos blogueros operísticos,

Les aseguro que fui con la máxima ilusión a ver esta ópera de un autor desconocido para mí, aunque había escuchado con agrado algún fragmento suelto de su ópera “Policino” (puesto en este mismo blog hace cuatro días). La expectación, pues, era grande porqué venía precedida de buenas opiniones tanto en lo musical como en lo escénico. Pero las expectativas son unas y la cruda realidad otra cosa muy distinta.
Debo decirles honradamente, y aunque suene a poco “progre” que me he pasado la ópera bostezando. Desde el punto de vista escénico no hay nada que objetar, hay una buena presentación visual con un buen movimiento de actores, interesantes vestuario y peluquería de los años cuarenta y un agradable decorado polivalente con elementos móviles que, junto a una buena iluminación, enmarcan eficazmente los diversos ambientes.

La interpretación de los cantantes también es buena y la prestación orquestal y de los coros sin mácula alguna. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué una ópera bien interpretada y de corta duración: hora y media, puede llegar a resultar tan larga? Pues ocurre sencillamente que la música es aburrida y pesada. No hay, o por lo menos yo no la he encontrado, conexión entre la música de Henze y la acción argumental de la ópera. No es una música como la de B. Britten, por poner un ejemplo de autor contemporáneo, donde la partitura enmarca perfectamente la acción y consigue un especial sentido teatral o dramático que llega a poner los pelos de punta. Aquí no. Aquí, uno tiene la sensación de que la música escrita para esta ocasión hubiera servido también para cualquier otra cosa.

En fin, como decía un amigo a la salida, un rollo patatero (con perdón), aunque, eso sí, muy bien presentado.

3 comentaris:

quim ha dit...

Gràcies per advertir-nos de lo avorrida que pot ser aquesta òpera. La veritat és que se m'havia passat pel cap anar-la a veure perquè el fragment de Pollicino en el seu post m'havia agradat força.

acwo ha dit...

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Josep Rumbau i Serra ha dit...

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