dijous, 8 de juny de 2006

Sobre el "histerismo" de los cantantes


¿Realmente existe este fenómeno? ¿O se trata de habladurías, como tantas otras, sin fundamento?

De cantantes histéricos, de haberlos… haylos, pero creo que no hay que generalizar y, en cambio, si debemos conocer los condicionantes que nos pueden ayudar a comprender las debilidades de este singular colectivo.

En principio, un buen cantante debe ser inteligente y sensible, con capacidad artística para comunicar emociones, por tanto, desterremos ya de nuestra mente la posible idea de un cantante lerdo o tosco. Me estoy refiriendo, claro está, a los profesionales cualificados que actúan en los primeros teatros.

El aprendizaje del canto y de la técnica vocal no es fácil y requiere años de estudio y gran dedicación. El hecho mismo del canto se basa en buena parte en estímulos propioceptivos, es decir, en puntos de referencia internos que el cantante utiliza para la colocación de la voz, el uso de armónicos, o la simple administración de aire a través del apoyo diafragmático. Aunque estas sensaciones internas sean utilizadas de manera automática, siempre pueden aparecer cambios en el entorno, o en la propia fisiología que alteren, aunque sea de manera parcial o transitoria, dichas percepciones. No hablemos ya de la situación en caso de resfriado o enfermedad, por banal que sea, porqué entonces los apuros pueden ser importantes. Si explico todo esto, es para hacer ver con qué facilidad el cantante puede llegar a situaciones de inseguridad.

Existe además el fenómeno del “trac”, vocablo de origen francés que viene a significar el estado de ansiedad previo al inicio de la función. El trac está presente en un 90% de los cantantes por famosos y buenos que sean. De hecho, a más talento, más trac. Este estado de ansiedad “de anticipación” suele desaparecer al poco tiempo de empezada la actuación. Se manifiesta por taquicardia, taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria), sensación angustiosa en la “boca del estómago”, sudoración de manos, ligero temblor y en algunos casos irritabilidad. El trac puede verse aumentado por la importancia del marco donde se actúa, por la presencia de compañeros de reparto de fama, o por la presencia de un público muy exigente o, como yo le llamo, “depredador”. Suele contarse la historia de la discípula de Sara Bernard que aseguraba a su mentora que ella nunca había sentido el trac, a lo que la gran Sara respondió: no se preocupe, ya le vendrá con el talento.: Foto:Sara Bernard

Añadamos a todo lo expuesto la situación de soledad que, con frecuencia, acompaña a los cantantes lejos de casa, viajando por todo el orbe y, a menudo, alejados de su familia.

Digamos de paso que, en general, el/la cantante posee un ego singularmente fuerte, lo cual, junto con esa reiterada situación de inseguridad y soledad que he descrito, puede explicar algunas situaciones explosivas que hemos podido vivir en el ámbito operístico, los que hemos tenido el privilegio de trabajar en un teatro de primera clase.

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