dimecres, 14 de juny de 2006

Recital de Thomas Hampson en el LICEU


Thomas Hampson, barítono


Wolfram Rieger, piano

Este pasado lunes por la noche asistí al recital que ofreció en el Liceu, el barítono Thomas Hampson acompañado al piano por Wolfram Rieger.
Estaba ansioso por poder escuchar en directo al ya veterano cantante al que sólo conocía a través de grabaciones i de haberlo visto en televisión.
La voz de Hampton es de barítono lírico-ligero pero grande y muy bien proyectada. El centro suena con mucha calidad y el agudo es brillante. Los graves, en cambio, tienen poca entidad y por muy bien colocados que estén no pasan de discretos, pero el gran potencial de Hampton no es exclusivamente la voz sino su enorme talento. Con una musicalidad exquisita y un cuidado fraseo sabe comunicar como muy pocos los sentimientos que se van desgranando a través del canto.
En la primera parte cantó el ciclo de canciones Liederkreis Op. 35 de Robert Schumann que, no siendo de los más conocidos del Compositor, tiene sin embargo unas canciones preciosas. La conjunción Hampton-Rieger ofreció una versión, para mi gusto, excelsa. En ningún caso me resultó tediosa, como alguien comentó, al contrario, disfruté de verdad de todo el ciclo. Me emocionó la sutileza de los pianos en “Stille Liebe” o la rotundidad del canto expansivo en “Stille Tränen”. Por cierto, detrás de mí había un señor que de vez en cuando daba una cabezadita y empezaba a roncar. Su señora, al lado, le iba despertando repetida y resignadamente. ¡Qué le vamos a hacer!
La labor del pianista Rieger estuvo a la misma altura, con detalles expresivos increíbles, brillantez romántica y “cantando” con Hampton al mismo tiempo. Tocó el Steinway del Liceu, con la tapa totalmente abierta y utilizando a menudo el pedal izquierdo de piano: los contrastes resultaron fantásticos .

En la segunda parte nos ofrecieron un rosario de canciones de compositores norteamericanos del siglo XX: Samuel Barber, Red Rorem, Harry T. Burleigh, Charles Ives, William Grant Still y Edgard McDowell.
Cantó tres propinas, la última de las cuales “Roses of Picardy” levantó al público que le dedicó una fuerte ovación.
Al final, entre bis y bis, un espectador pidió ¡“Il Barbiere”!, a lo que Hampton respondió con un gesto de sorpresa, negativa simpática y cansancio a la vez… Domani! El público debería saber que después de un programa de lieder no es ortodoxo cantar un bis que no pertenezca al mismo género.
A la salida, comentábamos con mi colega y amigo Casán y el notario Xavier Roca sobre la calidad del concierto, la trayectoria y el talento de estos contados artistas que son capaces de meterse en el bolsillo al público más exigente, a veces, con "pequeños detalles" que brotan de su talentosa personalidad.

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