dilluns, 20 de novembre de 2006

Lucia di Lammermoor en el Liceu




Foto: Producción de Lucia di Lammermoor, dirigida escénicamente por Robert Carsen en el Liceu. Inicio del segundo acto. Fotografía de Antoni Bofill.


Esta tarde he acudido al Liceo para asistir a la representación de Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti, con libreto de Salvatore Cammarano. Esta ópera considerada cumbre del romanticismo belcantista se ha presentado bajo el siguiente reparto:
Lord Enrico Ashton: Anthony Michaels-Moore. Lucia: Mariola Cantarero que ha substituido a Edita Gruberova, de baja por enfermedad. Sir Edgardo di Ravenswood: Josep Bros. Lord Arturo Bucklaw: Vicente Ombuena. Raimondo Bidebent: Giacomo Prestia. Alisa: Mireia Pintó. Normando: Josep Fadó. Dirección de escena: Robert Carsen. Producción: Ópera de Zurich. Dirección musical: Josep Caballé-Domènech. Gran Teatre del Liceu. Domingo 20 de noviembre de 2006.

La presentación escénica, producción de la Ópera de Zurich, es de aquellas que, bajo mi punto de vista, no aportan nada interesante a la comprensión de la obra. Con la excusa de ilustrar el caótico pensamiento de Lucia, se ha hecho un decorado a base de unos módulos de verticalidad torcida (ver foto).
La dirección de actores es buena y el vestuario es de aquellos que, pretendiendo ser intemporales, parecían situar la acción hacia principios o mediados del siglo XIX. Debo decir, en justicia, que por lo menos a mí esta producción no me ha molestado para nada: no aprecié contradicción entre escena y música.

Permítanme, en lo referente al capítulo musical, hablar primero de la dirección y concertación de Josep Caballé-Domènech, porqué condicionó, como es lógico, el transcurso de la representación. Siento tener que decirlo, pero la dirección fue toda ella sosa y aburrida, sin tensión alguna y ocurrió que páginas tan bellas como el sexteto “Chi mi frena in tal momento…” pasaron sin pena ni gloria, con un final precipitado quizás por la manía de querer hacer los sobreagudos que, como es lógico no pueden, a menudo, alargarse como sería de desear. Pero es que además, el final con sobreagudos, que por cierto no están escritos, no resulta musicalmente tan redondo como el final original.
En síntesis, toda la magia de la ópera se perdió en manos de la vulgaridad y aburrimiento del director.

Mariola Cantarero, conocida sobradamente en Barcelona, posee una bonita voz de soprano ligera con la seguridad técnica y musicalidad suficiente para quedar bien en el difícil rol de Lucia. Inició los primeros compases con la voz algo insegura pero se fue imponiendo progresivamente hasta el clímax del aria de la locura que cantó con musicalidad y buen gusto, luciendo agudos y coloratura con seguridad y eficacia. Culminó la escena con una gran ovación. Debo decir empero, que la justeza de la afinación se perdió, alguna vez, entre los amplios espacios de su vibrator.
Foto: momento del sexteto "Qui mi frena..." Fotografía de antoni Bofill.

Josep Bros que inició su carrera como tenor ligero y al que he seguido con admiración a lo largo de los 7-8 últimos años, porque es un señor que hasta ahora ha cantado excelentemente, presenta actualmente una voz que se ha hecho más lírica y más ancha. La musicalidad es exquisita y el fraseo es arrebatado y elegante a la vez (viene a recordar un poco, salvando las distancias, la manera de cantar de Carreras) pero su voz sigue sonando nasal. Y creo, desde mi modesto punto de vista, que no tiene necesidad alguna de poner la voz en dicho apéndice facial. Que la voz esté en posición alta y proyectada hacia delante no significa que deba sonar en la nariz. Y siento decir que hoy, por primera vez, Bros me ha hecho sufrir. En la conocida escena del cementerio, al final del “fra poco a me ricovero…” y después de alguna muestra de sufrimiento, el si natural ha salido roto. ¿Un accidente? Parece que no: a la salida, algún miembro de la orquesta me ha comentado que el incidente ha pasado en prácticamente todas las funciones. ¿Debe un tenor lírico-ligero, que hasta hace poco cantaba Los Puritanos de Bellini, sufrir para cantar la escena del cementerio de Lucia? Creo que Bros deberá reconducir el tratamiento de su vocalidad hacia otros derroteros, como por ejemplo, no ensanchando tanto el centro de la voz, buscando quizás más verticalidad y menos nasalidad. Creo que la probada inteligencia de Bros sabrá encontrar una buena solución al incipiente problema.

El barítono Anthony Michaels-Moore ha cantado un Enrico de vocalidad contundente, sobre todo en las frases y el aria de salida “Cruda funesta smania…” contundencia y seguridad que se ha mantenido a lo largo de toda la representación. El color de su voz no es maravilloso pero más que suficiente y, a pesar de su acento norteamericano, ha servido el personaje con intención dramática y prestancia escénica muy convincente.

Giacomo Prestia tiene una voz de bajo profundo grande y hermosa. Canta “alla italiana” y ha dado gran prestancia al personaje de Raimondo.

Vicente Ombuena en el papel de Lord Arturo no ha pasado de correcto. Mireia Pintó, que ha cantado el papel de Alisa, tiene una voz de mezzosoprano de gran calidad tímbrica, canta con intención y musicalidad pero tiene un problema que persiste desde que la oí la primera vez: su voz no corre y apenas se la oye. Lástima.

Josep Fadó ha cantado un Normanno convincente, con voz bien timbrada y segura.

En resumen, una Lucia sosa, desangelada y aburrida con momentos de buena vocalidad.

Estas óperas tan conocidas y tan difíciles de interpretar, o se hacen muy pero que muy bien y con un buen director que conozca a fondo el género, o es mejor no hacerlas. Ésta es mi opinión.

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