diumenge, 25 de juny de 2006

Cambios de temperatura y corrientes de aire en los teatros de ópera

Foto: planta termofrigorífica del Gran Teatre del Liceu.

Cuando uno se plantea los problemas ambientales propios de un teatro de ópera, lo primero que le viene a la cabeza es la estructura física del teatro en general y la de la parte escénica en particular, que es dónde se desarrolla la mayor parte de la labor del cantante.


Si nos imaginamos un escenario, rápidamente se nos dibuja en la mente la imagen del espacio escénico visible, que limita por delante con la sala de espectáculos y por los lados y atrás con los telones que dan paso a los espacios escénicos no visibles, y estos a través de puertas y más puertas a otros espacios, salas, pasillos, camerinos, etc.

Pensemos, además, que en los grandes teatros, el espacio escénico por encima de la parte visible puede ser de dimensiones considerables, con una altura comparable a una casa de muchos pisos, y pensemos que cada piso cuenta con sus respectivas puertas. Tengamos en cuenta también, que la sala de espectadores tiene múltiples puertas de acceso. Toda esa imagen mental ayuda a entender la facilidad con que se pueden crear corrientes de aire en un teatro. Si además, tenemos en cuenta la presencia de focos de iluminación que, por el calor que desprenden, pueden crear microclimas dentro del recinto con la consiguiente circulación de aire, y la posible existencia de aire acondicionado, cada vez más frecuente en las salas de espectáculos, contando con la posibilidad que éste, en un momento determinado, no esté bien regulado, hará que entendamos el asunto con mayor claridad.

Foto: Aspecto del antiguo Gran Teatre del Liceu, antes del incendio de 1994.

Uno de los padres de la foniatría europea, el Dr. Jordi Perelló, decía “…el cantante debe acostumbrarse al frío porqué muchas veces, por exigencia del papel a representar, ha de actuar con grandes escotes o ropa ligera y, además, en los escenarios la temperatura es más baja que en el resto de la sala donde se presenta el espectáculo. Se realizaron medidas en el antiguo Gran Teatre del Liceu (se refiere al de antes del incendio de 1994), y se registraron las siguientes: Quinto piso: 33º C, 26º C en la platea y 22 ºC en el escenario. Estos datos demuestran la gran diferencia de temperaturas que existen en una misma sala de espectáculos y las malas condiciones que reúnen los escenarios en cuanto a frío y corrientes de aire.” (1)
Con los años y la construcción del nuevo teatro, las condiciones físicas del Liceu han cambiado. Actualmente, el tratamiento del aire y la climatización están totalmente controlados, de manera que la temperatura de la sala y la del escenario mantienen habitualmente diferencias inapreciables, con lo que no hay un gradiente apreciable de aire de la sala a escenario a telón abierto.

Uno de los problemas que pueden ocurrir si la temperatura de la sala y del escenario no están bien igualadas, es que, al levantar el telón se cree un gradiente de aire frío sala-escenario que, en contacto con la garganta de un cantante, sobretodo si es al principio de la obra, cuando el artista tiene todavía la voz fría, provoque un edema de laringe y le deje sin voz. He sido testigo directo de un caso.

El aire acondicionado es probablemente uno de los motivos de discusión más apasionantes entre los cantantes y el personal técnico de los grandes teatros. Nunca llueve a gusto de todos. Algunos cantantes, la mayoría europeos, no quieren oír hablar del aire acondicionado porque les perjudica la voz. Otros, la mayoría americanos, piden el aire acondicionado, siempre que sea de ligera intensidad. Dicen que no les perjudica la voz y trabajan más a gusto. Algunos, realmente una minoría, simplemente se niegan a cantar si hay un solo resquicio de aire acondicionado, de manera que todo el resto de participantes en el espectáculo y también el público asistente se han de conformar y soportar un calor desmesurado, Éstos últimos aducen que antiguamente no había aire acondicionado, pero ignoran que antiguamente no había ópera en verano y además el Liceu estaba ventilado con aire de la calle. Actualmente el Liceu es un teatro cerrado desde este punto de vista, estando el aire completamente acondicionado tanto en verano como en invierno.

En resumen, algunos quieren aire fresco pero otros, la mayoría, no lo quieren. Así, se decidió en su día que en los camerinos de las primeras figuras, el aire acondicionado fuera opcional. Quién quiere se lo pone y quién no, no.

Una de las consecuencias habituales del aire acondicionado es la de rebajar la humedad relativa ambiente, provocando sequedad de piel y mucosas. Esto último es muy perjudicial para los cantantes que precisan, para una buena ejecución, de una garganta, nariz, boca y vías respiratorias con un buen nivel de humedad. El aire acondicionado del Liceu mantiene una humedad relativa constante del 60%, con lo cual, en principio, no hay que preocuparse por ese problema.

Por norma, durante los ensayos y las funciones, se procura que las puertas del escenario y de la sala se mantengan cerradas para evitar las corrientes de aire. A pesar de ello, en espacios tan grandes, se hace difícil que, a veces, no se creen situaciones de corriente de aire o de desajustes técnicos inevitables que hagan variar momentáneamente la temperatura y/o faciliten la presencia de gradientes térmicos.

(1) Tecnopatías del músico. Dr. Lluís Orozco