diumenge, 14 d’octubre de 2007

Andrea Chénier 2 en el Liceu

Carlos Álvarez en el papel de Gérard en el centro de la fotografía de Antoni Bofill.

Esta tarde he tenido ocasión de asistir al Liceu para ver la ópera Andrea Chénier por segunda vez, interpretada por el mismo reparto general que la última vez salvo por el trío protagonista que ha estado compuesto, esta vez, por José Cura en el papel de Chénier, Deborah Voigt en el de Maddalena de Coigny y Carlos Álvarez en el de Gérard.

Esperaba con ganas esta representación para comprobar que ocurría con José Cura, este tenor que ya en este mismo blog critiqué después de oírle varias veces cantar Verdi.

Como que para cantar verismo no es tan necesaria la línea de canto belcantista y, en cambio, pesa más la calidad de la voz, el fraseo, la interpretación y los agudos impactantes, pensaba, digo, que Cura me acabaría gustando en el papel del idealista poeta Chénier. Pero, honradamente, debo confesar que, a pesar de mi buena predisposición inicial, el Chénier de Cura me ha parecido vulgar y carente de interés. El fraseo es pobre y nada interesante, la dicción precipitada y la musicalidad carente de sutileza. Así el Improviso ha pasado sin pena ni gloria, ni una frase interesante y esto que es un fragmento que se presta a frasear y a lucirse. El último si bemol ha tenido cierta contundencia pero, reitero, ha pasado el aria sin llamar la atención. La otra aria esperada Credo ad una possanza arcana… también ha sido cantada sin que despertara en mi el más mínimo interés. Quizás lo más afortunado de Cura haya sido la última aria Come un bel di di maggio que ha cantado con cierto gusto pero lejos de lo que debiera haber sido un Chénier de categoría. Si he de escoger, me quedo con Fabio Armiliato, que si bien no tiene la voz de Cura hizo un Chénier mucho mejor interpretado.

No hace falta que les diga que Cura ha obtenido una gran ovación al final de la representación, y es que a la mayoría del público les basta con un par de agudos impactantes para soltar la palabra “Bravo” y quedarse tan anchos.


Deborah Voigt tampoco ha estado a la altura de lo que me esperaba y menos pocos días después de oír cantar el mismo rol a Daniela Dessì. A Voigt, según mi punto de vista, le falta el sentido dramático del cantar latino. Tampoco su voz tiene la belleza de la Dessì. Creo que su prestación no ha pasado de correcta.

Carlos Álvarez ha sido, para mi gusto, el gran triunfador de la velada. Su bella voz baritonal, homogénea, que sigue una línea de canto impecable, y que cuenta con la contundencia necesaria cuando es menester, ha servido a un Gérard modélico. Su gran aria Nemico della Patria ha sido un recital de buen cantar, fraseando que daba gusto, con legato, musicalísima y coronando con un brillante fa sostenido agudo la frase E d’un sol baccio… y terminando en Tutte le genti amar con un re natural expansivo e impactante pero, como toda su prestación, sin salirse nunca de los límites del mejor buen gusto.