dilluns, 1 d’octubre de 2007

Andrea Chénier en el Liceu

Fotografías de Antoni Bofill.

Ayer domingo por la tarde asistí, en el Liceu, a la representación de Andrea Chénier, de Umberto Giordano, que tuvo lugar bajo el siguiente reparto:


Andrea Chénier: Fabio Armiliato

Carlo Gérard: Anthony Michaels-Moore

Magdalena de Coigny: Daniela Dessì

Bersi: Marina Rodríguez-Cusí

Condesa de Coigny/Madelon: Viorica Cortez

Roucher: Miguel Ángel Zapater

Pietro Fléville/Foquier Tinville: Enric Serra

Mathieu : Philip Cutlip

Icredibile : Francisco Vas

El abate: Josep Ruiz

Schmidt/Mayordomo: Vicenç Esteve Corbacho

Dumas: Manel Esteve Madrid

Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatre del Liceu

Dirección del Coro: José Luis Basso

Dirección musical: Pinchas Steinberg

Dirección de escena y escenografía: Philippe Arlaud

Producción: The New National Theatre Foundation-Tokio


Hacía 20 años que no se representaba Andrea Chénier en el Liceu. Había por tanto verdaderas ansias por ver esta producción. Se representa con tres repartos: el arriba descrito, otro encabezado por José Cura, Deborah Voigt y Carlos Álvarez, y un tercero con Carlo Ventre, Anna Shafajinskaia y Silvio Zanon.

El día 14 de octubre tendré ocasión de ver el encabezado por Cura, Voigt y Álvarez y, por supuesto, les informaré puntualmente. Entre las pasadas producciones del Liceu, recuerdo con mucho cariño la encabezada por Josep Carreras (para mi el último gran Chénier), Montserrat Caballé y Joan Pons en la temporada 1979-80.


La puesta en escena de esta producción cuenta con una escenografía estilizada con movimientos rotativos que componen diversos espacios y con un leiv motiv siempre presente: el perfil inclinado del filo de la guillotina. El vestuario, también estilizado, juega con el color blanco como hilo conductor. Los vestidos de la nobleza en puro blanco, los del pueblo con motivos rojos y azules añadidos. Al final de los actos se componen escenas que quieren recordar algunas pinturas famosas como “La Libertad guiando al pueblo” de Delacroix. Indefectiblemente, acabada la música de cada uno de los cuatro actos, se oye el ruido de caída del cortante de la guillotina.


Fabio Armiliato, a quien habíamos visto ya, en este mismo teatro, en Aida, Tosca, Madama Butterfly y Manon Lescaut, poseedor de una buena voz de tenor lírico o lírico-spinto, tiene una peculiar manera de cantar. Hay una clara separación entre el registro central y grave y el registro agudo, al que accede apoyándose en la nota anterior, abriendo la garganta y colocando con un audible salto la voz arriba. Dicho en otras palabras: se quiebra la línea de canto a cada momento. Ello que es muy molesto en el belcanto o en la ópera verdiana, se vuelve aceptable o pasable en el verismo, en el que cuenta más la interpretación dramática, el volumen vocal y los agudos impactantes que la finura becantista. Armiliato exhibió una voz bien proyectada con agudos contundentes pero también con expresividad, musicalidad e impecable afinación y arrancó sonoras ovaciones del público en el “Improviso”, en los dos duetos con la soprano y en el aria del último acto “Come un bel di di maggio”.


Daniela Dessì, esposa de Armiliato en la vida real, también harto conocida del Liceu, lució una voz de soprano lírico-spinta muy bien puesta y de color bellísimo especialmente en la media voz y cantó la parte de Magdalena de Coigny con gran expresividad, musicalidad y tensión dramática. Obtuvo también una gran ovación al final de los dos duetos y tras la conocida aria “La mamma morta”.


El barítono británico Anthony Michaels-Moore cantó con autoridad el papel de Gérard, con un italiano irregular, pero con recursos vocales contundentes y exhibió su vocalidad en la célebre aria “Nemico della Patria…” que cantó con pasión y, como diría el Dr. Colomé Pujol, con “enjundia”.


Francisco Vas que dió vida al personaje “Incredibile” dió, como siempre, un recital de buen hacer escénico y vocal.


La veterana e incombustible mezzo Viorica Cortez encarnó el doble papel de Condesa (madre de Magdalena) y Madelon con voz firme y dúctil a la vez , siendo su prestación escénica dramáticamente creíble.


Los demás participantes estuvieron todos a la altura de las circunstancias.