dissabte, 6 de juny de 2009

Ángeles Blancas en el Foyer del Liceu "Me llaman la primorosa"

Ayer noche tuvo lugar en el foyer del Gran Teatre del Liceu una velada zarzuelera, revistera y desenfadada a cargo de la soprano M. Ángeles Blancas y el pianista italiano Giovanni Auletta. El recital era semiescenificado con dirección escénica de Emilio Sagi.
El foyer, mesitas de cabaret con velitas y consumición incluída, lleno hasta las banderas y un calor de mil demonios. Éste era el marco que vestía el inicio del recital. Blancas empezó con la voz algo fría y sus primeras intervenciones en "Me llaman la primorosa" del Barbero de Sevilla de G. Giménez, o la "Canción de la gitana" de La Alegría del batallón, de J. Serrano, adolecieron quizás de la finura interpretativa que todos teníamos en mente (Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza, ...).
Sin embargo y a medida que pasaban los minutos, M. Ángeles Blancas fue entrando en papel y su "De España vengo, ..." de El niño Judío, de Pablo Luna o en la "Canción de la Paloma" del Barberillo de Lavapiés, de Barbieri, se encontraba ya de lleno en su propio y visceral caldo de cultivo interpretativo. Estuvo ya inmensa, con una gran fuerza dramática, en "Qué te importa que venga" de Los Claveles, de José Serrano o en "Cuando está tan hondo" de El Barquillero, de Ruperto Chapí. Pero donde estuvo realmente excepcional por su fuerza, gracia y deshinibición de verdadero "animal escénico" fué en las tres últimas canciones "Tango de Menegilga" de La Gran Vía, de Federico Chueca, "¡Ay ba!" de La Corte del Faraón, de Vicente Lleó y en la "Canción del higo" de la revista La pipa de oro, de Manuel Martinez Mollá (que no conocía) con su inolvidable e "inspirado" estribillo " Alegrí, alegrí, con la mano no, con la boca sí".
El joven pianista italiano Giovanni Auletta acompañó, siempre atento a la soprano, con eficacia, musicalidad y buen gusto. Sus intervenciones a piano solo tanto en los "Valsos poéticos" de Granados como en la "Tarantella" de Liszt fueron un ejemplo de pulcro virtuosismo. Me gustaría saber qué pintaba, sin embargo, la Tarantella de Liszt en un espectáculo basado en música española.