dilluns, 27 d’abril de 2009

La Cabeza del Bautista de Enric Palomar en el Liceu

Fotos de Antoni Bofill.

Ayer domingo asistí a la función de abono de La Cabeza del Bautista, libreto de Carlos Wagner basado en el texto homónimo de Ramón del Valle-Inclán y música de Enric Palomar, que se desarrolló bajo el siguiente reparto:

Don Igi: José Manuel Zapata
La Pepona: Ángeles Blancas
Alberto saco: Alejandro Marco-Buhrmester
Valerio El Pajarito: Antonio Lozano
El Barbero: Roberto Accurso
El Sastre: Enric Martínez-Castignani
El Enano de Salnés: Javier Abreu
El Ciego: Michael Kraus
Pigall: Fabiola Masino
Rondalla de jóvenes:
Joven 1: José Luis Casa
nova
Joven 2: Carles Prat
Joven 3: Gabriel Diap

Joven 4: Dimitar Darlev
Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatre del Liceu

Dirección musical: Josep Caballé Domènech
Dirección de escena Carlos Wagner
Nueva producción Gran Teatre del Liceu

Estreno absoluto.

El título de la obra remeda el conocido final de la obra Salo de Oscar Wilde que después fué musicada por Richard Strauss y en la que Salomé siente un deseo obsesivo por Juan El Bautista que la lleva, después de decapitado, a besar ardientemente su boca.
Valle Inclán glosó algunos aspectos de esas figuras en su esperpéntica obra La Cabeza del Bautista , situada en un sórdido ambiente de la Galicia rural donde, citando literalmente la introducción del libro de mano de la ópera editado por el Gran Teatro, Don Igi, amo del café y del billar del pueblo, recibe la la visita de un inquietante y apuesto viajero, El Jándalo, procedente de Argentina. Éste se presenta para hacerle chantaje de un crimen que Don Igi había cometido en su estancia en Toluca, en la persona de la madre de El Jándalo, y que le costó ir a la cárcel sin impedirle, empero, volver como rico indiano. Don Igi es viejo y se siente acabado, pero la guapa y ambiciosa Pepona, que no quiere que se pierda ni una moneda de su protector, le convence que le mate mientras ella le seduce. Efectivamente, Don Igi le clava con precisión un puñal por la espalda mientras La Pepona continúa besando y reclamando besos al cadáver que tiene abrazado.
La puesta en escena de Carlos Wagner presenta una escenografía sórdida (ver fotos) muy bien resuelta que permite seguir el transcurso de la acción perfectamente. La iluminación es sugerente y el movimiento de actores muy trabajado y eficiente.
La música del badalonense Enric Palomar huye de dogmatismos contemporáneos y no se limita a hacer una música racional sinó también para el corazón, persigue la ambientación escénica y el efecto dramático. En su música "hay música", valga la redundancia. A mí, poco propenso a la música de vanguardia, me gustó esta ópera que contiene momentos de lirismo, música popular y dramatismo, todo ello con una instrumentación y orquestación impecables.
La orquesta de la Casa ha trabajado a fondo esta ópera bajo la atenta batuta de Josep Caballé Domènech, obteniendo un resultado brillante.
Los cantantes han estado todos ellos a la altura de las circunstancias destacando la interpretación impactante de Ángeles Blancas, José Manuel Zapata y Alejandro Marco-Buhrmester. Mención especial a Michael Kraus por el papel del Ciego.
En resumen, una velada muy interesante con música de verdad y una pulcra e intensa interpretación. Les recomiendo que no se la pierdan.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

Yo asistí el pasado miércoles a esta ópera y tengo que decir que me resultó difícil de aceptar, sea por mi vocación a óperas de autores italianos o alemanes o por la combinació de música y letra en español. Ni que decir tiene que encontré de muy mal gusto que a la finalización de la obra los aplausos fueran mínimos y el público se retirara del teatro dejando a los cantantes, director e orquestra y escenografo en escena saludando. Creo que tenemos que ser más abiertos y dejar un poco de lado a lo que es 'típico' en el mundo de la ópear y mostrar un poco más de interés sino respeto a nuevas obras contemporáneas.

Josep Rumbau ha dit...

Totalmente de acuerdo especialmente en la falta de respeto del público ante una obra nueva y a los artistas que la interpretan. El que salió a saludar al final no era el escenógrafo sinó el compositor Enric Palomar. A mí si me gustó esta ópera tal como he indicado en mi comentario y disfruté, creo, de una buena música y una excelente puesta en escena.