dimarts, 15 d’abril de 2008

Liceu: La plaga de las toses y de los desenvolvedores de caramelos

Queridos blogueros operísticos,

Ayer noche asistí por segunda vez al Liceu para el Tannhäuser que se desarrolló con el reparto del primer cast salvo el papel de Wolfram que, por baja de Bo Skovus, fue cantado por Markus Eiche, un habitual de calidad de los últimos años.


Foto: El excelente barítono Makus Eiche que obtuvo ayer un sonado triunfo en el papel de Wolfram.

La voz de Eiche es de barítono lírico y su canto sigue siempre una línea y un legato encomiables. Cantó con musicalidad exquisita su parte y estuvo impecable en la intención y el fraseo en su famosa aria de la Estrella.

El resto del reparto estuvo en un altísimo nivel y el tenor Peter Seiffert, mejor que en el día del estreno, cantó con su pasión característica su parte esta vez sin signos de cansancio. El coro estuvo inspiradísimo traduciendo la inspirada partitura de Wagner. Sebastian Weigle extraordinario.

Me encantó otra vez la puesta en escena de Robert Carsen, ahora, viéndola por segunda vez, me di cuenta de la extraordinaria labor en la dirección de actores.

Sólo hubo un pero en esta (y en todas las representaciones) y es la MALA EDUCACIÓN DE UNA PARTE DEL PÚBLICO. En efecto, las ruidosas toses proliferan en los momentos más inoportunos, el hecho (rico en decibelios) de desenvolver un caramelo en los momentos más álgidos, desconcentran al aficionado hasta puntos insospechados. Esos individuos, que exhiben una sensibilidad a la altura de la suela de sus zapatos, deberían comprender que el ruido de tales actos contrasta fuertemente con el grado de atención y arrobo de los demás que ven así frustrado su disfrute musical con una distracción del todo innecesaria. Algunos elementos de esta especie creen que desenvolviendo el caramelo poco a poco ahorran la molestia, y no se dan cuenta que lo que consiguen es justamente el efecto contrario: alargan la “agonía” del espectador concienciado a la vez que aumenta su grado de ira peligrosamente.

Creo que los dirigentes del Liceu, de la misma manera que advierten de la necesidad de desconectar los teléfonos móviles, deberían avisar de la necesidad imperiosa de no desenvolver caramelos. Los espectadores enfermos que tosen desmesuradamente deberían quedarse en casa para cuidarse y no propagar de paso los virus o bacterias que los infectan. Por otro lado, si una tos se hace inevitable, el ruido que produce queda muy minimizado tapándose la boca con la mano o un pañuelo. Creo también que los espectadores que tengan a su lado uno de esos “caramelívoros desenvolvedores” deberían avisarles, sin ningún complejo, con señas diciéndoles que NO y señalándose el oído.

Otro motivo de alarma es la antigua costumbre liceista de la presurosa marcha de parte del público mientras los artistas están saludando en el escenario. Creo que es una falta de educación elemental. ¿Podrían ponerse por un momento en la piel de los artistas?

4 comentaris:

Vianant ha dit...

Jo també hi vaig ser, i la veritat és que hi ha moments que la cosa clama al cel. Jo segueixo proposant que martellegem el servei d'atenció a l'espectador fins que aconseguim uns avisos com déu mana i la conseqüent sensibilització del públic.

Josep Rumbau ha dit...

Totalment d'acord. Ho faré.

Josep Rumbau ha dit...

Benvolgut Vianant,
Acabo de lliurar un mail al servei d'atenció a l'espectador queixant-me dels desembolicadors de caramels i tossidors.

josep ha dit...

Temps enrrera a l'Auditori de Barcelona hi havia en els vestíbuls unes caixes plenes d'uns caramels (crec que Ricola) embolicats amb un paper que no feia soroll. Podria ser un ajut per a solucinar, al menys, part del soroll dels papers dels caramels.